LIBERTAD DE PRENSA EN EL PERÚ
PERIODISTA QUE LA USA,
le cae... y le cae con todo
En el Perú existe plena libertad de prensa, en el Perú existe plena libertad de prensa, plena libertad de prensa en el Perú. ¿Cuántas veces se lo hemos escuchado decir al Presidente Fujimori? Innumerables. En Lima, Huancayo, Ica, Arequipa... desde Malaisia, Japón, Singapur, Canadá, otra vez Malaisia, Japón, etcétera, etcétera. Y también a sus ministros, congresistas, allegados, amigos-periodistas. Lo repiten como diciendo: se nos podrá acusar de todo, pero en libertad de prensa somos impecables; y también como si la vigencia o no de la libertad de expresión dependiera de una declaración oficial: positivo, existe; negativo, no existe. Pero, lamentablemente, las cosas no son así.
En el Perú existe libertad de prensa porque acá todos pueden decir lo que quieran: esa es la segunda parte de la versión oficial. Prenda la televisión y hasta hace muy poco uno se encontraba con ¡Hildebrandt! Abra los periódicos y ahí están El Comercio y La República, publicaciones en campaña contra el Gobierno. Revistas: ¿puede haber algo más de oposición que Caretas? Radio: los representantes de la oposición están mañana, tarde y noche en Radioprogramas, CPN y en todas partes. ¿Quién podría creer entonces que acá se pregunta el oficialismo no hay libertad de prensa?
Cierto que en el Perú se puede decir lo que se quiere; todavía no se ha aprobado una ley que lo prohíba o que sólo permita las "interpretaciones auténticas"; sin embargo, inmediatamente habría que agregar: pero quien dice lo que quiere y resulta que es contra el Gobierno, sufrirá una o varias opciones del siguiente peligroso menú: despojo de nacionalidad/despojo de propiedades (incluido canal de TV)/interceptación telefónica/amenazas "anónimas"/accidentes o robos extraños/agresiones físicas por desconocidos/persecución judicial/acusaciones tributarias/inclusión en planes antiperiodistas/campañas difamatorias en prensa amarilla/discriminación en información y facilidades oficiales/discriminación en publicidad estatal/problemas de distribución/víctima de campaña de desprestigio por Internet.
Y no se trata de posibilidades hipotéticas o que pueden ocurrir sólo a la muerte de un obispo, sino todo lo contrario. Todas son de la vida real del Perú de hoy, y la mayoría han pasado a ocurrir frecuentemente y hasta se podría decir que se han vuelto casi inminentes e inexorables en el ejercicio libre del periodismo.
¿Pruebas? Una primera, y a la vista y paciencia de todo el mundo: la gran cantidad de casos conocidos de periodistas-víctimas. Quien revise las cronologías de hechos de las entidades que monitorean especializadamente el tema libertad de prensa, se sorprenderá de que, siendo estas entidades tan distintas (Comité de Libertad de Prensa de la SIP; Oficina de Derechos Humanos del Periodista, OFIP; la Asociación Nacional de Periodistas del Perú, ANP; el Consejo Nacional de la Prensa; el Instituto Prensa y Sociedad, IPYS; la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos; Human Rights Watch; Instituto de Prensa y Sociedad; la Defensoría del Pueblo, etcétera), todas coinciden en registrar casos y hechos sumamente graves y alarmantes, y cada vez más frecuentes:
- Amedrentamiento y hostigamiento: Amenazas contra periodistas de la unidad de investigación del anterior Canal 2. José Arrieta, perseguido por denunciar torturas contra Leonor La Rosa y Mariella Barreto. Periodistas de El Comercio amenazados por investigación sobre planes contra Ivcher. Ángel Páez y Edmundo Cruz amenazados por investigaciones sobre corrupción y violaciones de derechos humanos. Amenaza contra conductor de programa político radial Hora Clave. Periodista de Tarapoto amenazado después de revelar información en relación con Tomas González Reátegui. General del Ejército denuncia ante el Congreso intento de extorsión de periodistas de El Comercio. Amenazas contra periodistas de Huanta por denuncias contra municipalidad. Constantes amenazas contra Hildebrandt, Mohme, Fernando Rospigliosi, Cecilia Valenzuela, Luis Iberico; y la lista podría continuar.
- Agresiones físicas: Esta modalidad es impresionantemente constante, sobre todo fuera de Lima. Ángel Durán, periodista de Huaraz, fue secuestrado y golpeado luego de denunciar a autoridades regionales. Agresión contra periodista de Quillabamba Bertha Chacón. Agresión contra director de radio emisora Sport de Nazca, Daniel Mantilla Bendezú. Encapuchados golpean a Leoncio Seveleón, periodista de radio Grecia de Nazca, que venía denunciando a la Policía y autoridades locales. Coronel de la Fuerza Armada de Pucallpa dispuso el decomiso y destrucción de video periodístico sobre accidente aéreo. Periodistas de La República detenidos en Piura por efectivos militares a raíz de investigación sobre intervención oficialista en campaña municipal. Periodista de Huacho Elena Castro fue golpeada por comandante de la Policía Nacional. Periodista de Puerto Maldonado Jenny Mestanza golpeada a raíz de campaña contra la Municipalidad. Periodistas de Huaraz son agredidos por críticas a candidatos municipales de Vamos Vecino. Director de matutino de Tingo María José Luis Bardales es secuestrado y golpeado por denunciar irregularidades en elecciones municipales.
- Periodistas detenidos: Todavía quedan varios periodistas que están presos, acusados por error de terrorismo.
- Campañas de desprestigio en prensa amarilla: En El Chino y El Tío contra Mohme, Ángel Páez, Edmundo Cruz, Hildebrandt, Fernando Rospigliosi, entre otros.
- Persecución judicial o administrativa: El periodista Arrieta pasó de testigo a procesado. Esto motivó que solicitara asilo político en los Estados Unidos, luego de lo cual logró la aceptación del Departamento de Estado norteamericano. Periodista de Huaraz Carlos Miranda Arroyo fue denunciado por ejercicio ilegal de la profesión. Periodista de Utaubamba (Bagua Grande) Pedro Julca Castillo fue acusado de robo luego de denunciar irregularidades de autoridades locales. Periodistas Humberto Espinoza Maguiña y Pedro Maguiña Calderón, que descubrieron fosas clandestinas en Huaraz, fueron denunciados por fiscal por supuesta obstrucción en la administración de justicia. Periodista que fue obligado bajo amenaza a pasar un video sobre subversión, acusado de terrorismo.
Investigación judicial contra periodista Hildebrandt, a partir de denuncia de Sanguinetti. Juzgado penal de Huánuco condenó a periodista por difamación, a raíz de su denuncia por apropiación ilícita contra un ex miembro de la policía. Absolución en primera instancia de responsables de atentado contra la filial de Global en Puno.
A este nivel, habría que agregar el que nunca prospere ningún tipo de investigación policial o judicial respecto de las amenazas y atentados que constantemente sufren los periodistas. Un ejemplo dramático de esto es el asesinato, en Piura, de la periodista Isabel Chumpitaz Panta y el de su esposo (José Amaya Jacinto): sin mayores investigaciones, las autoridades supusieron que el móvil había sido un robo común, cuando la familia sostiene que el crimen estaría vinculado a las denuncias que la periodista venía realizando.
- Campañas de desprestigio en Internet (APRODEV) contra Hildebrandt, Rospigliosi, Ángel Páez y Cecilia Valenzuela.
En todos estos registros de atentados contra la libertad de prensa en el Perú, un capítulo aparte está dedicado, como es lógico, a la cadena de arbitrariedades contra Baruch Ivcher: primero se le quitó la nacionalidad peruana, adquirida trece años atrás; luego fue despojado de su canal de televisión; después se inició una arremetida tributaria contra su empresa de colchones (Paraíso), que ha originado la detención de la jefa de importaciones de la empresa, Rosario Lam y una orden de captura contra él mismo, su esposa y una de sus hijas. Es obvio que existe una persecución implacable contra él, aun después de que se ha logrado sacarlo del país. La sensación es: si esto puede hacer el régimen contra un ex íntimo e incondicional amigo caído en desgracia por alguna razón que hasta ahora nadie conoce bien; persona, además, poderosísima, tanto en el país como en el exterior, ¿qué podemos esperar –temer– el resto de los mortales?
El Instituto de Prensa y Sociedad tuvo la feliz iniciativa de inaugurar una línea telefónica dedicada exclusivamente a recibir las denuncias de los periodistas que fueran víctimas de actos contra el ejercicio de su profesión. Resultan muy reveladores los casos que inmediatamente recibieron: periodista de Ica que venía denunciando la microcomercialización de drogas es amenazado de muerte; alcalde reelegido de Camaná –Arequipa– amenaza a periodista y destroza instalaciones de radio; intentan cerrar programa radial a periodista en Chiclayo y lo denuncian ante Tribunal Constitucional. Graves amenazas contra periodistas de Andahuaylas. Cierran programas periodísticos en tres radios de Huanta. Periodistas de diversos medios denuncian acoso y agresiones perpetrados por autoridades en Región Ucayali. En un par de semanas, siete casos gravísimos.
Otro indicador del deterioro de las condiciones para el ejercicio del periodismo de investigación son los informes que han comenzado a aparecer alertando sobre la situación. Durante 1998 han expresado formalmente su preocupación por el estado de la libertad de prensa en el Perú: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (durante su visita, los comisionados vinieron acompañados del recientemente elegido relator para la libertad de expresión Santiago Cantón); el PEN American Center; la SIP; el Instituto de Prensa y Sociedad; Reporteros sin Fronteras; Comité de Protección de Periodistas; Freedom Forum; periodistas de Buenos Aires y el diario argentino El Clarín; el New York Times; el Miami Herald; el Consejo de la Prensa Peruana; Washington Office on Latin American (WOLA); Human Rights Watch; la Defensoría del Pueblo; la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos; etcétera, etcétera.
Un último punto a considerar: la autocensura. Si se experimenta en carne propia que las críticas al régimen generan represalias –y la benevolencia, favores–, es evidente que muchos optan por el parche antes de que reviente el chupo, por la autoeliminación o automodulación del tono. Esto es evidente, por ejemplo, en algunos programas de la televisión en los que hay una incondicionalidad frente al poder político o un silencio sospechoso en relación con todo tema que pueda resultar conflictivo.
Parte de la modernidad es reconocer garantías y mecanismos de protección especiales para el ejercicio de la libertad de prensa, pues se considera que ésta es una pieza clave e insustituible para el funcionamiento real de las instituciones democráticas. Si esto es así en cualquier país y circunstancia, con mucha mayor razón lo es en un país como el Perú y en su situación actual. (E.J.B.)
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